La pérdida de autoridad de las voces de la ciencia, la academia, la política o los medios de comunicación está en el origen de la facilidad con la que hoy se construyen realidades paralelas capaces de disolver la mirada común, el punto de partida desde el que debatir, deliberar y alcanzar consensos.

La politóloga y profesora universitaria, Máriam Martínez-Bascuñán, autora del ensayo El fin del mundo común. Hannah Arendt y la posverdad, intervino en el ciclo Hablemos de la Biosfera para plantear cómo la respuesta a la emergencia climática es también un desafío democrático.

Según destacó, cuando se cuestiona la neutralidad de los árbitros, cuando se les acusa de ser parte de conspiraciones o defender sus intereses, se destruye el suelo compartido y perdemos la capacidad de distinguir entre mentira y verdad. «Hemos diagnosticado mal el problema, no vale con la verificación de las falsedades, hay que recuperar el mundo común, comunicar con más cercanía, reconocer las contraverdades y dejar atrás la autoridad vertical», propuso. En el caso del cambio climático, señaló la urgencia de revertir las actitudes de desconfianza, pues el lapso temporal puede generar mucho daño.

También aseguró haber encontrado en Lanzarote «el hecho certero» de la posibilidad de recuperar el espacio compartido desde el que volver «a esa mesa que nos reúne, nos une y nos separa». Apuntó que identidad y paisaje son fruto de muchas decisiones, antiguas como el cultivo en La Geria tras las erupciones del siglo XVII, y recientes, como las movilizaciones por la defensa del territorio: «La historia no se ha cerrado, el debate sobre la capacidad de carga o los límites continúa, pero alrededor de la tarea común de cuidar la isla».