Emlen, S. T. (1975). The Stellar-Orientation System of a Migratory Bird. Scientific American, 233(2), 102–111.
 
Mueller, T., O’Hara, R. B., Converse, S. J., Urbanek, R. P., & Fagan, W. F. (2013). Social learning of migratory performance. Science, 341(6149), 999–1002.
 
Newton, Ian . 2024 Aprendizaje e influencia social en la migración de las aves. Ardea , 112 (2). 171-199. 10.5253/arde.2024.a8
Las aves migratorias nocturnas no nacen sabiendo dónde está el norte. En las primeras semanas de vida en el nido tiene la capacidad de memorizar el cielo nocturno y busca el punto que no se mueve. Memorizan la configuración de las constelaciones en un radio de unos 35° alrededor del polo celeste. El sistema de aprendizaje estelar, donde los polluelos memorizan el eje de rotación del cielo, ha sido ampliamente documentado en diversas especies, principalmente en paseriformes (pájaros cantores) que migran de noche (Emlen, 1975). Pero, a diferencia de muchos paseriformes que migran solos por instinto, especies como los gansos o los cisnes aprenden sus rutas migratorias siguiendo a sus padres y otros adultos de la bandada (Mueller et al., 2013). Esto les permite memorizar paradas específicas para descansar y alimentarse. Al volar juntas, particularmente bajo cielos nublados o con niebla, las aves interactúan constantemente, de modo que, si una se desvía a la derecha y otra a la izquierda, la media del grupo tiende a ser la dirección correcta. Es decir, el vuelo en grupo hace más precisa la migración y la llegada al destino (Newton, 2024).